Día a día te has acostumbrado a tu moto, y ya ni siquiera te das cuenta de que es un auténtico desastre. Evítalo revisando muy a menudo las presiones de los neumáticos, aún más si vas a usarla a dúo. Hazlo siempre en frío y con un manómetro fiable.
Evitarás un rodar remolón en los giros e inestabilidad en apoyo en curva. Comprueba a menudo la holgura de la dirección (ponla sobre el caballete con alguien sentado atrás y gira la rueda al aire) tirando de la rueda hacia delante y atrás para comprobar que la dirección no vaya dura (rodamientos gripados) o suelta (la moto serpentea o vibra en frenadas).
Vigila que el tacto de frenos sea constante y nunca esponjoso (hay aire en el circuito). Que la transmisión, ya vieja, no tenga demasiado juego al acelerar o frenar por culpa de una cadena destensada y corona y piñón desgastados…
Que nunca falte, antes de arrancar, un vistazo a si hay pérdidas de líquido que provoquen una caída sobre tu propio aceite, o te evite quedarte sin frenos… Y, claro, no olvides perder un minuto en que los mandos, la posición de las manetas y de los pedales se te acomoden como un guante…
Puntos que debes tener en cuenta
- Luces. ¿Funcionan todas las bombillas?
- Mando de gas. Holgura máxima de 2 mm del cable al girar el puño.
- Frenos. Tacto sin hundimiento y constante al apretar repetidamente.
- Neumáticos. Presiones y dibujo adecuados, y perfi l no cuadrado.
- Suspensión delantera. No hace tope al hundirse ni tiene pérdidas de líquido.
- Rodamientos de dirección. La moto no va dura, no vibra, ni serpentea.
- Manetas y mandos. Sin agarrotamientos. Reguladas y en su sitio. A medida del conductor.
- Manchas en el suelo. Revisa a diario posibles pérdidas de aceite.
- Kit de transmisión. Tensión y engrase de cadena para evitar holguras de transmisión que afectarán a la marcha.
- Suspensión trasera. Con retención hidráulica. Sin topes. ¡Regúlala para uso a dúo!
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